#CommuniTip #4: Una guía para eliminar los estereotipos de género de la comunicación

madame¿Señora o señorita? ¿Te choca esta pregunta?

A mí si: ¿por qué las mujeres tenemos que precisar si estamos casadas y los hombres no?

Es uno de los numerosos ejemplos de sexismo que abundan en los idiomas. Otro, es el rechazo a poner en femenino ciertas profesiones, títulos, grados o funciones.

Esto es particularmente grave cuando se trata de utilizar un término como Presidente: la utilización exclusiva del género masculino puede llevar a pensar que lo natural es que la posición de Presidente sea ejercida por un hombre.

Otras utilizaciones asimétricas conllevan a menudo una connotación despreciativa en el femenino.

Pero, ¿es necesario usar un lenguaje no sexista? ¿Es realmente clave, o sólo una cuestión simbólica?

Para mí, la respuesta está clara: el lenguaje no es neutro, y lo que no se nombra, no existe.

El lenguaje estructura nuestro pensamiento y nuestras representaciones del mundo. Por eso, la utilización por defecto del género masculino marginaliza a las mujeres e invisibiliza a la mitad de la población.

Dirigirse conscientemente a la”Señora Presidente” rehusando feminizar el título, reservar a las mujeres las preguntas sobre su vida personal, o simplemente seguir usando expresiones sexistas… El diablo sexista se esconde a menudo en los detalles.

Hay numeroso obstáculos para un lenguaje no sexista, que surgen de las resistencias al cambio, y se revisten a menudo de argumentos retorcidos, por ejemplo, contra el uso del femenino en el idioma, que se presenta a veces como accesorio, otras como repetitivo, feo…. En resumen, molesto.

Tomemos la regla del “masculino genérico”, que impone que el masculino engloba al femenino y que las concordancias se hagan siempre en masculino.

Esta regla, todavía ampliamente aplicada hoy en día en muchos idiomas, no ha existido siempre. En Francia, por ejemplo, hasta el siglo XVII la norma en vigor era la de proximidad, que consiste en hacer la concordancia del adjetivo con el sustantivo al que califica más próximo, y la concordancia del verbo con el sujeto más cercano.

En el Siglo XVII se impone la regla del masculino genérico, bajo la influencia de gramáticos convencidos de que “el género masculino, más noble, debería primar sobre el femenino”, siendo considerado en aquella época que los hombres eran superiores a las mujeres.

¿Podemos aceptar que los idiomas perpetúen hoy estos estereotipos?

La  buena noticia es que los idiomas son organismos vivos, en constante evolución. Las lenguas son el espejo de nuestras sociedades, reflejo de nuestros valores, nuestros humores y nuestra organización social.

Por eso, si prestamos atención a la forma en la que nos expresamos, es posible cambiar la forma en la que nuestras sociedades perciben la realidad, piensan y actúan.

En esto, las Administraciones públicas tienen un papel fundamental. En Francia, una circular de 2012 suprime la utilización de los términos “señorita, apellido de soltera, apellido de casada, etc.” de los formularios y correspondencias de las Administraciones.

¿Pero, cómo deshacerse definitivamente del lenguaje sexista? No hablar más del “Día de la Mujer” sino del “Día Internacional de los Derechos de las Mujeres”, evocar los Derechos Humanos y no los Derechos del Hombre y del Ciudadano…

Recientemente, el Alto Consejo por la Igualdad entre las mujeres y los hombres (HCEfh) publicó una Guía para una comunicación sin estereotipos de género.

Práctica también para todo tipo de comunicación fuera de la función pública, esta guía es una herramienta pedagógica y concreta para la comunicación escrita, en imágenes o de eventos.

Mediante ejemplos ilustrados, propone 10 recomendaciones:

– Eliminar todas las expresiones sexistas
– Hacer la concordancia de todas las profesiones, títulos, grados y funciones
– Usar el femenino y el masculino en los mensajes dirigidos a públicos mixtos
– Utilizar el orden alfabético en una enumeración
– Presentar íntegramente la identidad de hombres y mujeres
– No hacer sólo a las mujeres las preguntas sobre la vida personal
– Hablar de “las mujeres” y no de “la mujer”, del “Día Internacional de los Derechos de las Mujeres” en vez del “Día de la Mujer”, y de los Derechos Humanos y no los Derechos del Hombre
– Diversificar las representaciones de mujeres y hombres
– Intentar equilibrar el número de mujeres y hombres
– Formas a los y las profesionales de la comunicación y difundir la guía

Puedes consultar íntegramente La Guía Práctica para una comunicación pública sin estereotipo de sexo (en Francés).

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